Una mañana de septiembre, llego nuestro tutor, Enrique P. Mesa, un profesor, que mas que ser un simple profesor aburrido que hace las clases interminables en las que se duerme mas de la mitad de la clase, parece a veces como un amigo, como un colega debido a su comportamiento con algunos alumnos a los que podemos decir que les a cogido "manía" o simplemente les quiere fuera de sus clases, debido a que sus comentarios inoportunos hacen que la clase vaya mas lenta.
Las clases con este profesor, la verdad, se hacían bastante amenas, ya que para empezar con los gritos no te podías dormir. Por otro lado su manera de enseñar (entre los dibujos que por ejemplo su gato parece un ratón amorfo, y los ejemplos que pone de los cuales algunos acaban en carcajadas por toda la clase) hace que las cosas las entiendas mejor y mas fácilmente que siguiendo el libro como hacen otros profesores cuyos alumnos odian esta materia.
La verdad es una asignatura que "me enganchó" de las pocas asignaturas que pueden gustar a una persona, a mi me a tocado filosofía, pero por el simple echo de que influyó el profesor.
Así que en resumen en una escala del uno al diez puede que las clases de filosofía se queden con el ocho y medio. La nota alta es por las clases amenas, divertidas, y en las cuales consigues entender algo. Pero el punto y medio que falta para poder llegar al diez es debido a que a lo largo de los días durante los tres trimestres, las frases del profesor, y las mismas bromas realizadas una y otra vez, clase tras clase hace que se conviertan en un poco repetitivas hasta llegar a ser insoportables.
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